sábado, 20 de diciembre de 2008

El transbordador espacial

A finales de los 60 y principios de los 70 el exitoso programa Apollo llegaba a su fin. El fin de la decada de los 60 quedó marcada con la llegada del hombre a la Luna en la misión Apollo 11.

Pero había un problema; y era el coste de cada misión. En cada lanzamiento gran parte de la nave era desehechada. Los ingenieros de la NASA idearon un vehículo que fuese reutilizable a la vez que rentable. Así nació la idea del transbordador espacial.



Una nave capaz de llevar a cabo todos los proyectos de investigación que la agencia espacial desease y además que pudiera financiarse realizando misiones a terceros, como la puesta en orbita de satélites. En teoría, la máquina era perfecta.

El proyecto salió adelante.

El transbordador sería propulsado con un tanque de hidrogeno líquido y por dos depósitos de combustible sólido. Todo, exepto el tanque de combustible líquido, es reutilizable.

En abril de 1981 el Columbia comenzaría la carrera espacial de los transbordadores... el problema es que la NASA no pudo cumplir su promesa de autofinanciar un proyecto que estaba saliendo muy caro a los EEUU. En 4 años se esperaban haber realizado 60 misiones; la NASA sólo pudo realizar 9. Los costes cada vez eran mayores, y los presupuestos cada vez más cortos.

La presión de los medios y altos cargos forzó al programa más de lo que podía dar de sí. En el 28 de Enero 1986 y después de varios retrasos el Challenger despegó a pesar de las recomendaciones de algunos ingenieros que aseguraban que el despegue no debía realizarse por problemas con las juntas de los depositos del combustible sólido.

El resultado de la misión número 25 del transbordador espacial es por todos ya conocido.



Una de las juntas del depósito derecho no aguanto, se inflamó y las llamas llegaron al contenedor principal... 58 segundos bastaron para perder miles de millones de dólares y lo que no tiene precio, 7 vidas humanas.

La NASA realizó diversos cambios y construyó un nuevo transbordador: el Endeavour; que se añadiría al Columbia, Discovery y Atlantis.



Durante las dos próximas décadas el transbordador espacial realizó decenas de misiones. Puso en orbita numerosos satélites, repararon el Hubble, llevó material y astronautas al espacio para la construcción de la ISS. De nuevo se respiraba confianza en la agencia espacial... y eso a veces no es bueno.

Las mejoras se habían hecho, pero seguía habiendo factores de riesgos que tendrían que tener en cuenta... pero no se tuvo, lo que llevaría a la NASA de nuevo al desastre.

En este caso el problema vendría a través del escudo térmico. Éste, está compuesto por losetas de cerámica capaz de soportar las altas temperaturas a las que se ve sometido cuando el transbordador entra en contacto con la atmósfera.

Un estudio reveló que el 10% de las probabilidades de accidente podían venir por el escudo. Además, el tanque de hidrógeno esta cubierto de una espuma de 15cms de espesor para conservar el combustible a -200ºC. La espuma se congela y existía el riesgo de que se desprendiera y golpeara el escudo...

El 16 de Enero el Columbia despegaría, en la que a simple vista pareció una salida perfecta. Pero a los científicos de la NASA se les debió de caer el mundo encima, cuando, analizando los videos del despegue se encontraron con esto:



Un trozo de espuma congelada de aproximadamente 1 kg de peso se había desprendido y golpeado el ala izquierda del transbordador. Mientras tanto, en el espacio, los cosmonautas realizaban sus tareas de investigación. En la Tierra se intentaba averiguar los daños causados; pero la única información disponible son las imágenes del despegue. Las opciones pasaban por fotografía el ala vía satélite, analizar los daños y... ¿qué hacer?, ¿mandar una costosa misión de rescate?, ¿decirles a los astronautas que se las apañen?
La investigación es cancelada y la misión continua hasta el día 1 de Febrero de 2003; fecha de regreso del transbordador.

La nave realiza un giro de 180º sobre si misma de forma que el escudo térmico pasa a estar en contacto directo con la atmósfera mientras se realiza el descenso; el cual es sin motor y que una vez iniciada la maniobra no hay posibilidad de cancelar el proceso.

En ese momento, la información que llega a Houston no es muy positiva: los sensores del ala izquierda están dejando de funcionar y a los pocos segundos, la comunicación con el Columbia se pierde. En el tren de aterrizaje izquierdo estaba dañado, el calor se propagó por el interior del transbordador. El ala izquierda se desprendió del resto de la nave que se desintegraría llevándose a otras 7 vidas por delante...



El transbodador más veterano nos decía adiós.

A parte de los 5 transbordadores mencionados anteriormente, existió un sexto, aunque nunca llegó a sobre pasar la atmósfera ya que carecía de escudo térmico: el Enterprise.

Pero estos vehículos tienen los días contados. La NASA los ha puesto en venta para instituciones americanas que quieran exponerlos en sus instalaciones; fecha prevista: 2010. Y es que, hay que dejar paso a las nuevas generaciones, como el programa Constellation y su nave Orión que realizará su primer vuelo en 2014. Mientras tanto, serán los rusos quienes se encarguen de aprovisionar una de las mayores proezas del ser humano, que sin los transbordadores espaciales, no hubiese sido posible:



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