domingo, 30 de diciembre de 2012

Se vende informático (Primera parte)

Por suerte antes de trabajar como programador informático pasé por no pocos empleos de más o menos duración y de muy distintas naturalezas: recolector de aceituna (muy típico en la zona donde vivo cuando llegan los meses de septiembre y octubre), peón de albañil, camarero, mozo de almacén de una archiconocidísima distribuidora de alimentos, repartidor de publicidad y mi favorita y la que más tiempo ejercí: repartidor de pizzas en mi pueblo.

Cuando comencé a trabajar como programador, qué os puedo contar, la ilusión es máxima, te esfuerzas para demostrar que estás ahí no por suerte, si no, porque es lo que siempre has querido, la informática es lo que te apasiona y para lo que has nacido. Cuando estabas en el vientre de tu madre te preguntabas si el cordón umbilical era una buena interfaz para suministrar alimentos o haría cuello de botella con tu hambriento estómago.

Empiezas con un proyecto en la típica consultora de tu ciudad, los compañeros son geniales, te haces una idea de la organización que tiene la empresa e intentas encontrar tu sitio. ¿Qué tengo que hacer? Si no tienes experiencia, posiblemente estarás con alguien no muy lejos de ti que te irá guiando, te van asignando las tareas más asequibles a priori. Sabes que el proyecto es para un cliente con el que alguno de tus compañeros se reune; te sientes afortunado de no tener que ir a hablar con ellos: ¿y si te piden algo muy técnico y no sabes qué decir? Qué alivio ser novato...

El tiempo pasa rápido, tu compañero al que veías agobiado con reuniones con hombres trajeados, intentado ayudarte y metiéndose en el horizonte de sucesos de un agujero negro para sacar tiempo, se ha ido de la empresa; no sabes muy bien si es porque ha encontrado un ofertón de empleo en Silicon Valley o porque estaba cansado del evento onTouch que le había puesto el director técnico en sus partes nobles y ahora ha montado una frutería.

Es cuando tu superior se acerca a ti y sin ofrecerte pastilla roja o pastilla azul, te comenta que eres el elegido. Miras tu monitor esperando encontrar alguna referencia al conejito blanco pero lo único que ves es Google Reader a pantalla completa que de forma tan desafortunada has dejado abierto. 

Tu jefe te suelta un discurso a lo William Wallace, salvo que en lugar de luchar por la libertad, tendrás la suerte de luchar por la empresa en primera línea del batallón.

Depende de lo ingenuo que seas, la noticia de que el Boss te elija como gestor del proyecto, analista, programador y chico de los recados; puede crear desde una ilusión tremenda por demostrar tus cualidades y ser lo mejor que le ha pasado a esta consultora desde las incomprensibles y extrañas subvenciones públicas; o puedes echarte a temblar y pedir por favor, que algún iluso se sienta discriminado, pida tu rol para dejar constancia de su papel de empleado alpha dentro de la manada y a ti te dejen programar en tu rincón con la pantalla mirando a la pared, libre de miradas acusadoras. 

Quizás alguno piense que esto último no suele pasar, o quizás seas uno de ellos, que incluso sin darte cuenta lo estás haciendo... si es así, tienes mi más infinita incomprensión. ¿Y por qué?

Porque, a modo genérico, y metiéndonos a todos en el mismo saco, nos vendemos como putas.

Esta última frase se explica por sí sola: tengo una tarifa (mi nómina mensual) y con eso te hago todo lo que me pidas.

Un día entras a trabajar en una empresa como programador, estás con un contrato indefinido (que total, para las reformas que nos hacen desde el gobierno, tampoco es que sea gran cosa). Si no conoces tus obligaciones, a resumidas cuentas, se resume en traducir a un lenguaje de programación las especificaciones dadas para un proyecto por el analista (hay más, pero evidentemente no son realizar análisis).

Posiblemente si has trabajado en una empresa bien organizada, esta es la tónica habitual de trabajo (o eso quiero creer). El problema del software es que no es tangible, el diseño de éste es algo que puede hacer cualquiera, no necesita la firma de un ingeniero o un licenciado. Y no es la finalidad de esta entrada reivindicar esto, porque me da igual; si una empresa pone a un picapedrero como jefe de proyecto o director técnico y después la cosa no sale bien, pues era de esperar.

Gracias a los informáticos hechos para todo se está devaluando la profesión de ingeniero del software. Venden programadores sin experiencia como expertos en la tecnología que necesita el cliente. El equipo de desarrollo que se le vende al cliente para su proyecto está con cualquier tarea menos con la que de verdad se requiere.

Al final te encuentras que la oficina más bien parece un corral de gallinas, cada empleado pica (código en este caso) por donde puede; los proyectos se retrasan, el cliente se mosquea, el jefe se mosquea y el trabajador es el culpable.

¿Tenemos entonces la culpa los informáticos de que nuestro trabajo haya sido tan desvalorado?

Mi respuesta es clara: SÍ.

Un empresario, atenderá siempre a una máxima: maximizar beneficios. Y es comprensible y razonable, para eso se monta una empresa, para sacar dinero. 
Tu materia prima son cabezas pensantes, la única forma de sacar más dinero si no eres capaz de competir en calidad, es competir en un mercado con precios más bajos que los de tu competencia. Eso se contrarresta pagando menos y endiñando el trabajo más cualificado a gente que tiene poca experiencia. ¿Habéis visto alguna vez a un peón de albañil haciendo los planos de un edificio?

Posiblemente no, pero en el mundo del software sí se hace y mucho.

Como informático, ¿no es esto infravalorar tu trabajo y tus conocimientos? Posiblemente seas consciente de ello, pero no hay otra opción: la crisis, los gastos, no hay ofertas de empleo mejores, aquí al menos tengo estabilidad,...

¿Seguro?, ¿o es miedo a lo que hay fuera de lo desconocido?

Antes de continuar, tengo que dejar claro que trabajar en una oficina para una empresa no lo considero una forma de prostituirse informáticamente hablando. En absoluto, estoy convencido de que hay empresas que merecen la pena; incluso dentro de una misma empresa habrá trabajadores que estén contentos con su trabajo y personas que se vean estancadas y sin futuro ninguno. Depende de la mentalidad de cada uno, del trato que recibas de tu superior, de lo que hayas demostrado con tu trabajo o lo pelota que puedas llegar a ser.

Es por ello que habrá programadores que sean felices haciendo lo que le mandan en una consultora, ingenieros felices con una tienda de cartuchos de tinta y mentes inquietas que se preguntan si cada mañana se levantan haciendo lo que desean.

 «Cada día me miro en el espejo y me pregunto: "Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?". Si la respuesta es "no" durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo»  (Steve Jobs)

Una experiencia personal

Empecé a programar de forma autodidacta en el año 1999, por aquel entonces acababa de renovar mi equipo y el mundo de la programación me resultaba casi místico. Comencé con un cuaderno de ideas y tocando ejemplos que iba encontrando en DIV. Al año siguiente ya desde la Universidad empezamos de forma más seria con Pascal, después C, C++,... y finalmente JAVA.

Hace casi 5 años empecé a trabajar como programador en este último lenguaje, puedo decir que hice de todo: programar, toma de requisitos, análisis, reuniones con clientes,... No, no esperaba recibir un premio al empleado del mes; simplemente creía que ése era mi trabajo. 

Si no te das cuenta, o simplemente eres feliz haciendo lo que haces, pues sigues así, ganando tu sueldo de forma muy honesta, trabajando rodeado de lo que te gusta, por un sueldo que quizás no sea el que te mereces, pero que es suficiente.

El día que abres los ojos y te das cuenta de que estás ejerciendo la prostitución digital, tienes dos opciones (que pueden ser 3 si decides marcharte de la empresa sin más).

a) Te callas la boca y sigues trabajando.

b) Luchas por tus derechos.

La opción a es entendible: tienes que pagar tus facturas, tienes cierta estabilidad y aunque no te guste lo que tus superiores te dicen, te aguantas; no quieres perder tu empleo. Si tuviera que definirlo es la opción sensata pero la menos admirable.

La opción b es al menos, la que muestra un poco de orgullo y respeto hacia tu propia persona. Lo haces, hablas con tus superiores, le comentas que las tareas que realizas no son las que se exigen en tu contrato, quieres que este último sea revisado. Llegados a este punto puede producirse un tira y afloja, si no lo consigues y no te bajas del burro, tú y la empresa tenéis un problema. Si finalmente desistes, vuelves al punto a.
Si has conseguido tu objetivo, la empresa reconoce tu trabajo y función, mi más sincera enhorabuena, si todos los informáticos lucharamos como tú por nuestros derechos, nuestro mundo sería un lugar más justo.

Esta parte del hilo es una experiencia personal, y yo acabé en la calle; sin dar demasiados detalles, no conseguí lo que consideraba una valoración justa de la empresa hacia mi trabajo. Mi relación laboral terminó y por primera vez, me veía, y me sigo viendo, en la lista de desempleados (espero ganar en enero de 2013 el premio al desempleado del mes).

Esta nueva situación, ¿es buena o es mala? Lo analizaremos muy pronto.

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